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A la muerte del rey Pedro sin hijos, le sucedió su hermano Alfonso. Éste continuó la política de desmantelamiento de la sociedad andalusí del valle del Ebro, conquistando ciudades como Tudela, Calatayud y Zaragoza, e hizo de Aragón la mayor potencia de la Península Ibérica durante décadas.

Tras su matrimonio con la reina Urraca de Castilla, se involucró en la política de Castilla y adoptó el título de “emperador”; también extendió su influencia por el suroeste de Francia.

En julio de 1134 fue derrotado por los almorávides en Fraga. Logró escapar malherido y murió en Poleñino el 7 de septiembre. Sus restos se depositaron en el castillo de Montearagón hasta su ruina en el s. XIX, en que se trasladaron a San Pedro el Viejo de Huesca.

Alfonso I no tuvo descendientes, por lo que, en su testamento (que no se pudo cumplir), hacía entrega del reino a las Órdenes Militares.

Documentos de Alfonso I en DARA



  • José María Lacarra de Miguel, Alfonso el Batallador, Zaragoza, Guara Editorial, 1978.
  • José Ángel Lema Pueyo, Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona (1104-1134), Gijón, Editorial Trea, 2008.